Si juegas a LAIR, probablemente sientas una de las mayores contrariedades frente a tu consola desde el día que te la compraste. El juego arranca con una impresionante secuencia de video hecha con el propio motor del juego en la cual se nos muestra a nuestro protagonista Rohn y se nos desvelan las claves de la historia. Básicamente seremos parte de la sección de pilotos de dragón del ejército de Asylian, un estado tremendamente religioso que está en contra de todo avance y progreso, representado por el archienemigo Mokai. Debemos hacer prevalecer la paz cepillándonos todo rastro del ejército enemigo.
La experiencia visual es, desde un principio, totalmente sobrecogedora. Se podría decir que el aspecto gráfico se acerca más a la experiencia que buscamos al ver una película que al jugar con la consola. Desde que se anunciara hace ya dos años, no han dejado de repetirse en los diferentes foros especializados que la calidad de este título iba a ser de lo mejor que habríamos probado. Una vez lo tenemos en nuestras manos comprobamos que la calidad gráfica está ahí, pero es solo eso de lo que dispone. Un juego no puede medirse solo con una bara y, desde luego, este obtiene puntuaciones muy bajas en todas las demás.